Alguna fuerza
Alguien vino y nos tendió una alfombra verde,
lentamente, con mesura,
Las nubes nos cubrieron con finísima blancura
miércoles, 1 de mayo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
Me haces bien
Me ha gustado seguirte, con tus disimulados rastros, hacia el edén que es tu boca, hacia la odisea que son tus brazos. Nadie te ha dicho. Me haces bien.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Alma Mater
De una hoja de un árbol se pueden hacer muchas cosas: se puede analizar su composición celular, en términos de la Biología, se puede pintar en óleo, hacer un retrato realista, se puede escribir un poema y hablar de su tono acaramelado, se puede redactar para la prensa un ensayo sobre la hoja y el significado simbólico que alguna civilización le de.
Hay tanto que se podría hacer; es infinito; cada ser humano podría realizar algo diferente con una hoja de un árbol. Cada uno tiene y escoge desarrollar habilidades y ciertos conocimientos.
El saber, para quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la UNAM, es algo muy difícil de describir. Algo que nos permite crear, expresarnos, comprender y admirar el mundo, la producción cultural y la producción propia. La Universidad nos permite tantas cosas. En primer lugar, para comenzar con algo, su paisaje es un entorno que provoca armonía, entre Rectoría y la Biblioteca Central hay una disposición organizada del espacio, el verde de los jardines es hermoso, la arquitectura de la UNAM es una obra de arte. La UNAM es benévola, es bendita, es lugar que cautiva y cuando la aprehendes se vuelve en un amor mutuo, es la segunda casa, es la madre, es generosa, es lo que todos expresan; es tanto lo que nos da que no hay cosa que se imagine para poder retribuirle, por eso si fuera lo único que sobreviviera a una destrucción masiva de edificios, sería la que todos sus hijos estudiantes defenderíamos, y rodearíamos en una cadena humana realmente unida por un sentimiento unívoco; la defenderíamos con la vida, porque ellas nos acogió, nos instruyó, nos guió, nos despertó y humanizó en un nivel en seguida de la familia. UNAM te debemos mucho, te querremos siempre, has entrado en lo más hondo de nuestra humanidad, eso nos congratula, no hay manera de agradecer. No hay comparación, lo tuyo es cosa de los dioses, de de lo que no se puede contar porque es incontable. Perdurarás en el tiempo, te haremos honor con nuestros logros. No hay manera de agradecer.
Estar aquí es... ¡Ojalá fuera eterno! ¡Si todas las calles fueran como la UNAM! Por eso aquí es como un santuario. Exiliados del mundo aquí tenemos un lugar propio donde pensamos el universo entero y el hipotético. Ideamos mundos posibles en el imaginario de muchas colectividades.
Hay tanto que se podría hacer; es infinito; cada ser humano podría realizar algo diferente con una hoja de un árbol. Cada uno tiene y escoge desarrollar habilidades y ciertos conocimientos.
El saber, para quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la UNAM, es algo muy difícil de describir. Algo que nos permite crear, expresarnos, comprender y admirar el mundo, la producción cultural y la producción propia. La Universidad nos permite tantas cosas. En primer lugar, para comenzar con algo, su paisaje es un entorno que provoca armonía, entre Rectoría y la Biblioteca Central hay una disposición organizada del espacio, el verde de los jardines es hermoso, la arquitectura de la UNAM es una obra de arte. La UNAM es benévola, es bendita, es lugar que cautiva y cuando la aprehendes se vuelve en un amor mutuo, es la segunda casa, es la madre, es generosa, es lo que todos expresan; es tanto lo que nos da que no hay cosa que se imagine para poder retribuirle, por eso si fuera lo único que sobreviviera a una destrucción masiva de edificios, sería la que todos sus hijos estudiantes defenderíamos, y rodearíamos en una cadena humana realmente unida por un sentimiento unívoco; la defenderíamos con la vida, porque ellas nos acogió, nos instruyó, nos guió, nos despertó y humanizó en un nivel en seguida de la familia. UNAM te debemos mucho, te querremos siempre, has entrado en lo más hondo de nuestra humanidad, eso nos congratula, no hay manera de agradecer. No hay comparación, lo tuyo es cosa de los dioses, de de lo que no se puede contar porque es incontable. Perdurarás en el tiempo, te haremos honor con nuestros logros. No hay manera de agradecer.
Estar aquí es... ¡Ojalá fuera eterno! ¡Si todas las calles fueran como la UNAM! Por eso aquí es como un santuario. Exiliados del mundo aquí tenemos un lugar propio donde pensamos el universo entero y el hipotético. Ideamos mundos posibles en el imaginario de muchas colectividades.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Quien no es libre
Víctima de represión, sale por las calles libres
con el espíritu deliberado y suelto
Ataduras impuestas
han de amarrarle
Pero no es víctima,
se hace,
conduce sus actos,
sabe lo que hace
con el espíritu deliberado y suelto
Ataduras impuestas
han de amarrarle
Pero no es víctima,
se hace,
conduce sus actos,
sabe lo que hace
domingo, 23 de septiembre de 2012
Crónicas de un oído: antes de acostarse
Los que
habitan esta casa se acostaron después de que entraron al baño y abrieron las
llaves del agua para lavarse los dientes, después de que “jalaron” el agua del
inodoro, después de que cerraron las puertas y después de que se dieron el beso
de las buenas noches.
Las noticias
también se sintonizaron, ya fuese en radio o televisión. Como a las 10 o a las
11 los regaños de la abuela para que yo durmiera fueron frecuentes.
Hubo sonidos
indeseables en la noche: el estruendo de los cohetes, el señor de los tamales, las
fiestas de los vecinos en la madrugada, los aullidos, los maullidos, el “clic”
de las teclas de la computadora porque ¡Cómo fastidió el sonido de las tareas
inconclusas!
A partir de
las 11pm., las personas encontraron un poco de silencio para poder acostarse.
Crónicas de un oído: la tarde estridente
La tarde de
un día normal en esta casa siempre será escandalosa, en especial cuando llegue
la hora de comer: los niños gritarán y llorarán, los grandes también gritarán y
hablarán de tantos temas, la abuela escuchará con dificultad lo que los otros
dicen, pero dará satisfacción el oírla contar uno de sus recuerdos; la tv. hará
las veces de música de fondo mientras uno saboree los platillos que prepare la
abuela.
En la
protesta de hambre, canes, aves, niños y uno que otro desesperado (que las más
de las veces podría ser yo) comenzarán algarabías sincrónicas para pedir
alimento.
Una vez reunidos en la mesa, los sorbos de agua, el estridor de los cubiertos contra los platos, y las palabras entre bocados serán los más comunes.
Una vez reunidos en la mesa, los sorbos de agua, el estridor de los cubiertos contra los platos, y las palabras entre bocados serán los más comunes.
Al comenzar
la tarde el hacer tareas implicará los repiqueos de las teclas de la
computadora portátil o el ruido del carbono del lápiz en la hoja de papel. Muchas
veces los niños jugarán en el patio y sonarán las llantas de sus bicicletas o
las pisadas de cuando corran. En esos momentos todo será ruido.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Crónicas de un oído: sonidos iniciales
Lo que
escucho a eso de las 9 de la mañana cuando estoy en mi cama un sábado
cualquiera es el trino de los pájaros que mi abuela refugia en sus respectivas
jaulas, se puede hablar de que son pocos: hay dos integrantes de la familia
cenzontle, un periquito y un canario. Puedo escuchar, entonces, un silbido delicado,
ocasional, que me lleva a pensar quizás en las aves más pequeñas que consiente
mi abuela.
La habitación
está apagada, no hay luces externas más que la pálida iluminación que viene de
las ventanas, iluminación que sugieren un día nublado y un sol en decadencia. Se
siente frío, mis pies están descubiertos. Los demás
siguen somnolientos mientras yo permanezco inmóvil y escucho, de improvisto,
movimientos en las jaulas. Se escucha como si a lo lejos un gallo diera su
concierto para que la gente despierte,
pero yo creo que esa gente ya está acostumbrada a escuchar al nervioso gallo y
prefiere seguir en cama.
Constantemente
se esparce el rastro sonoro que los
coches y los microbuses dejan en la avenida, aunque no es muy aturdidor sí se
percibe aun a escasos metros. En raras ocasiones, hasta este momento sólo una
vez, he percibido el habla de unas personas que caminaban por afuera de la casa. Algunos aullidos de perro estremecen en ocasiones.
Es gracioso,
pero hay ruidos internos, he oído a mis intestinos retorciéndose de hambre. Una
vibración es molesta si se repite en lapsos de 1 cada 10 minutos, y el celular
de alguien ha estado vibrando sobre la mesa de madera y es causa de un ruido
molesto, como el que produce un avión que avanza sobre la ciudad, encima de
esta colonia de calles descuidadas y agrietadas y de perros olvidados en azoteas grises.
Por esta
extraña ocasión nadie ha podido prender la tv. Han traído algo de comer ¡qué
bien, es hora de desayunar!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)