miércoles, 24 de julio de 2013

Te ayudo a irte

Te ayudo a irte,
vuela suave
como el aleteo profundo
de un ave,
cuando se remontan
casi al margen
de la esfera de cristal,
porque al final
ver volar libera.

Puedes ir rápido,
con las mejillas puestas al horizonte
(uno que tú creas
con ayuda de tus instintos,
presintonías electrizantes).

Entonces,
las olas las alas las moldean,
y así podrías extenderte
por los caminos que quieras.

Tenemos el cielo,
y el viento ha de cedernos
los instantes más bellos.

Corre, corre, corramos,
porque hay que disfrutarlo.
(Las sonrisas que me diste,
destellos conquistados.)

Ráfagas del viento frías,
el tiempo fresco y renovado,
neutralizan las ideas,
parecen tener una propiedad divina:
se llevan miedos,
apresan fantasmas,
purifican gotas que aun no llegaron a los ojos.


Vuela, entonces,
sin dudarlo,
el tiempo es subjetivo,
el cuerpo siempre está y nosotros siempre nos vamos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Suposición

Alguna fuerza
Alguien vino y nos tendió una alfombra verde,
lentamente, con mesura,
Las nubes nos cubrieron con finísima blancura

sábado, 16 de marzo de 2013

Me haces bien

Me ha gustado seguirte, con tus disimulados rastros, hacia el edén que es tu boca, hacia la odisea que son tus brazos. Nadie te ha dicho. Me haces bien.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Alma Mater

De una hoja de un árbol se pueden hacer muchas cosas: se puede analizar su composición celular, en términos de la Biología, se puede pintar en óleo, hacer un retrato realista, se puede escribir un poema y hablar de su tono acaramelado, se puede redactar para la prensa un ensayo sobre la hoja y el significado simbólico que alguna civilización le de.
Hay tanto que se podría hacer; es infinito; cada ser humano podría realizar algo diferente con una hoja de un árbol. Cada uno tiene y escoge desarrollar habilidades y ciertos conocimientos.
El saber, para quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la UNAM, es algo muy difícil de describir. Algo que nos permite crear, expresarnos, comprender y admirar el mundo, la producción cultural y la producción propia. La Universidad nos permite tantas cosas. En primer lugar, para comenzar con algo, su paisaje es un entorno que provoca armonía, entre Rectoría y la Biblioteca Central hay una disposición organizada del espacio, el verde de los jardines es hermoso, la arquitectura de la UNAM es una obra de arte. La UNAM es benévola, es bendita, es lugar que cautiva y cuando la aprehendes se vuelve en un amor mutuo, es la segunda casa, es la madre, es generosa, es lo que todos expresan; es tanto lo que nos da que no hay cosa que se imagine para poder retribuirle, por eso si fuera lo único que sobreviviera a una destrucción masiva de edificios, sería la que todos sus hijos estudiantes defenderíamos, y rodearíamos en una cadena humana realmente unida por un sentimiento unívoco; la defenderíamos con la vida, porque ellas nos acogió, nos instruyó, nos guió, nos despertó y humanizó en un nivel en seguida de la familia. UNAM te debemos mucho, te querremos siempre, has entrado en lo más hondo de nuestra humanidad, eso nos congratula, no hay manera de agradecer. No hay comparación, lo tuyo es cosa de los dioses, de de lo que no se puede contar porque es incontable. Perdurarás en el tiempo, te haremos honor con nuestros logros. No hay manera de agradecer.
Estar aquí es... ¡Ojalá fuera eterno! ¡Si todas las calles fueran como la UNAM! Por eso aquí es como un santuario. Exiliados del mundo aquí tenemos un lugar propio donde pensamos el universo entero y el hipotético. Ideamos mundos posibles en el imaginario de muchas colectividades.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Quien no es libre

Víctima de represión, sale por las calles libres
con el espíritu deliberado y suelto
Ataduras impuestas
han de amarrarle
Pero no es víctima,
se hace,
conduce sus actos,
sabe lo que hace

domingo, 23 de septiembre de 2012

Crónicas de un oído: antes de acostarse


Los que habitan esta casa se acostaron después de que entraron al baño y abrieron las llaves del agua para lavarse los dientes, después de que “jalaron” el agua del inodoro, después de que cerraron las puertas y después de que se dieron el beso de las buenas noches.

Las noticias también se sintonizaron, ya fuese en radio o televisión. Como a las 10 o a las 11 los regaños de la abuela para que yo durmiera fueron frecuentes.

Hubo sonidos indeseables en la noche: el estruendo de los cohetes, el señor de los tamales, las fiestas de los vecinos en la madrugada, los aullidos, los maullidos, el “clic” de las teclas de la computadora porque ¡Cómo fastidió el sonido de las tareas inconclusas!

A partir de las 11pm., las personas encontraron un poco de silencio para poder acostarse.

Crónicas de un oído: la tarde estridente


La tarde de un día normal en esta casa siempre será escandalosa, en especial cuando llegue la hora de comer: los niños gritarán y llorarán, los grandes también gritarán y hablarán de tantos temas, la abuela escuchará con dificultad lo que los otros dicen, pero dará satisfacción el oírla contar uno de sus recuerdos; la tv. hará las veces de música de fondo mientras uno saboree los platillos que prepare la abuela.

En la protesta de hambre, canes, aves, niños y uno que otro desesperado (que las más de las veces podría ser yo) comenzarán algarabías sincrónicas para pedir alimento. 

Una vez reunidos en la mesa, los sorbos de agua, el estridor de los cubiertos contra los platos, y las palabras entre bocados serán los más comunes.

Al comenzar la tarde el hacer tareas implicará los repiqueos de las teclas de la computadora portátil o el ruido del carbono del lápiz en la hoja de papel. Muchas veces los niños jugarán en el patio y sonarán las llantas de sus bicicletas o las pisadas de cuando corran. En esos momentos todo será ruido.