¿Cómo decirte que verte es lo que quiero?
Verte y fijarme en tu sonrisa,
tocarte y explorar la ternura inmensa de tus brazos
-y es que no imaginas lo que implica tenerte tan cerca de mi mente,
tan lejos de mis labios-,
pero entonces ese es el punto difícil:
cómo decírtelo.
Puedo hacer que espero a que pasen los minutos
sin decirte una sola palabra,
pero que aquí, en donde menos sea,
no cabrá duda
que estoy impaciente sin ti,
por eso de algún modo sé
que no lograré más guardarme de las ganas de hablarte,
de decirte por fin que te extraño.
Querer estar contigo
es ahora, y no preguntes, lo único que quiero.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
Te ayudo a irte
Te ayudo a irte,
vuela suave
como el aleteo profundo
de un ave,
cuando se remontan
casi al margen
de la esfera de cristal,
porque al final
ver volar libera.
Puedes ir rápido,
con las mejillas puestas al horizonte
(uno que tú creas
con ayuda de tus instintos,
presintonías electrizantes).
Entonces,
las olas las alas las moldean,
y así podrías extenderte
por los caminos que quieras.
Tenemos el cielo,
y el viento ha de cedernos
los instantes más bellos.
Corre, corre, corramos,
porque hay que disfrutarlo.
(Las sonrisas que me diste,
destellos conquistados.)
Ráfagas del viento frías,
el tiempo fresco y renovado,
neutralizan las ideas,
parecen tener una propiedad divina:
se llevan miedos,
apresan fantasmas,
purifican gotas que aun no llegaron a los ojos.
Vuela, entonces,
sin dudarlo,
el tiempo es subjetivo,
el cuerpo siempre está y nosotros siempre nos vamos.
vuela suave
como el aleteo profundo
de un ave,
cuando se remontan
casi al margen
de la esfera de cristal,
porque al final
ver volar libera.
Puedes ir rápido,
con las mejillas puestas al horizonte
(uno que tú creas
con ayuda de tus instintos,
presintonías electrizantes).
Entonces,
las olas las alas las moldean,
y así podrías extenderte
por los caminos que quieras.
Tenemos el cielo,
y el viento ha de cedernos
los instantes más bellos.
Corre, corre, corramos,
porque hay que disfrutarlo.
(Las sonrisas que me diste,
destellos conquistados.)
Ráfagas del viento frías,
el tiempo fresco y renovado,
neutralizan las ideas,
parecen tener una propiedad divina:
se llevan miedos,
apresan fantasmas,
purifican gotas que aun no llegaron a los ojos.
Vuela, entonces,
sin dudarlo,
el tiempo es subjetivo,
el cuerpo siempre está y nosotros siempre nos vamos.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Suposición
Alguna fuerza
Alguien vino y nos tendió una alfombra verde,
lentamente, con mesura,
Las nubes nos cubrieron con finísima blancura
Alguien vino y nos tendió una alfombra verde,
lentamente, con mesura,
Las nubes nos cubrieron con finísima blancura
sábado, 16 de marzo de 2013
Me haces bien
Me ha gustado seguirte, con tus disimulados rastros, hacia el edén que es tu boca, hacia la odisea que son tus brazos. Nadie te ha dicho. Me haces bien.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Alma Mater
De una hoja de un árbol se pueden hacer muchas cosas: se puede analizar su composición celular, en términos de la Biología, se puede pintar en óleo, hacer un retrato realista, se puede escribir un poema y hablar de su tono acaramelado, se puede redactar para la prensa un ensayo sobre la hoja y el significado simbólico que alguna civilización le de.
Hay tanto que se podría hacer; es infinito; cada ser humano podría realizar algo diferente con una hoja de un árbol. Cada uno tiene y escoge desarrollar habilidades y ciertos conocimientos.
El saber, para quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la UNAM, es algo muy difícil de describir. Algo que nos permite crear, expresarnos, comprender y admirar el mundo, la producción cultural y la producción propia. La Universidad nos permite tantas cosas. En primer lugar, para comenzar con algo, su paisaje es un entorno que provoca armonía, entre Rectoría y la Biblioteca Central hay una disposición organizada del espacio, el verde de los jardines es hermoso, la arquitectura de la UNAM es una obra de arte. La UNAM es benévola, es bendita, es lugar que cautiva y cuando la aprehendes se vuelve en un amor mutuo, es la segunda casa, es la madre, es generosa, es lo que todos expresan; es tanto lo que nos da que no hay cosa que se imagine para poder retribuirle, por eso si fuera lo único que sobreviviera a una destrucción masiva de edificios, sería la que todos sus hijos estudiantes defenderíamos, y rodearíamos en una cadena humana realmente unida por un sentimiento unívoco; la defenderíamos con la vida, porque ellas nos acogió, nos instruyó, nos guió, nos despertó y humanizó en un nivel en seguida de la familia. UNAM te debemos mucho, te querremos siempre, has entrado en lo más hondo de nuestra humanidad, eso nos congratula, no hay manera de agradecer. No hay comparación, lo tuyo es cosa de los dioses, de de lo que no se puede contar porque es incontable. Perdurarás en el tiempo, te haremos honor con nuestros logros. No hay manera de agradecer.
Estar aquí es... ¡Ojalá fuera eterno! ¡Si todas las calles fueran como la UNAM! Por eso aquí es como un santuario. Exiliados del mundo aquí tenemos un lugar propio donde pensamos el universo entero y el hipotético. Ideamos mundos posibles en el imaginario de muchas colectividades.
Hay tanto que se podría hacer; es infinito; cada ser humano podría realizar algo diferente con una hoja de un árbol. Cada uno tiene y escoge desarrollar habilidades y ciertos conocimientos.
El saber, para quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la UNAM, es algo muy difícil de describir. Algo que nos permite crear, expresarnos, comprender y admirar el mundo, la producción cultural y la producción propia. La Universidad nos permite tantas cosas. En primer lugar, para comenzar con algo, su paisaje es un entorno que provoca armonía, entre Rectoría y la Biblioteca Central hay una disposición organizada del espacio, el verde de los jardines es hermoso, la arquitectura de la UNAM es una obra de arte. La UNAM es benévola, es bendita, es lugar que cautiva y cuando la aprehendes se vuelve en un amor mutuo, es la segunda casa, es la madre, es generosa, es lo que todos expresan; es tanto lo que nos da que no hay cosa que se imagine para poder retribuirle, por eso si fuera lo único que sobreviviera a una destrucción masiva de edificios, sería la que todos sus hijos estudiantes defenderíamos, y rodearíamos en una cadena humana realmente unida por un sentimiento unívoco; la defenderíamos con la vida, porque ellas nos acogió, nos instruyó, nos guió, nos despertó y humanizó en un nivel en seguida de la familia. UNAM te debemos mucho, te querremos siempre, has entrado en lo más hondo de nuestra humanidad, eso nos congratula, no hay manera de agradecer. No hay comparación, lo tuyo es cosa de los dioses, de de lo que no se puede contar porque es incontable. Perdurarás en el tiempo, te haremos honor con nuestros logros. No hay manera de agradecer.
Estar aquí es... ¡Ojalá fuera eterno! ¡Si todas las calles fueran como la UNAM! Por eso aquí es como un santuario. Exiliados del mundo aquí tenemos un lugar propio donde pensamos el universo entero y el hipotético. Ideamos mundos posibles en el imaginario de muchas colectividades.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Quien no es libre
Víctima de represión, sale por las calles libres
con el espíritu deliberado y suelto
Ataduras impuestas
han de amarrarle
Pero no es víctima,
se hace,
conduce sus actos,
sabe lo que hace
con el espíritu deliberado y suelto
Ataduras impuestas
han de amarrarle
Pero no es víctima,
se hace,
conduce sus actos,
sabe lo que hace
domingo, 23 de septiembre de 2012
Crónicas de un oído: antes de acostarse
Los que
habitan esta casa se acostaron después de que entraron al baño y abrieron las
llaves del agua para lavarse los dientes, después de que “jalaron” el agua del
inodoro, después de que cerraron las puertas y después de que se dieron el beso
de las buenas noches.
Las noticias
también se sintonizaron, ya fuese en radio o televisión. Como a las 10 o a las
11 los regaños de la abuela para que yo durmiera fueron frecuentes.
Hubo sonidos
indeseables en la noche: el estruendo de los cohetes, el señor de los tamales, las
fiestas de los vecinos en la madrugada, los aullidos, los maullidos, el “clic”
de las teclas de la computadora porque ¡Cómo fastidió el sonido de las tareas
inconclusas!
A partir de
las 11pm., las personas encontraron un poco de silencio para poder acostarse.
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